El CNPT reclama afrontar con urgencia reformas legislativas para avanzar en la protección frente al tabaquismo y a los nuevos productos con nicotina.
Implantar el empaquetado neutro, aumentar los gravámenes sobre el tabaco y la nicotina, ampliar los espacios libres de humo y aerosoles y la regulación estricta de los productos emergentes son los cuatro pilares sobre los que debería basarse desde ya la estrategia de salud pública
El Día Mundial Sin Tabaco ha vuelto a poner el foco sobre la incidencia de la adicción en la sociedad española y en las nuevas ofertas de productos con nicotina. El Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) lamenta, un año más, la ausencia de avances en las reformas que considera esenciales para reforzar la protección de la salud pública frente al tabaquismo.
La estrategia de control del tabaco y la nicotina debe apuntalarse sin más demora con la tramitación de las reformas normativas actualmente en marcha, en particular la modificación de la Ley 28/2005 de medidas sanitarias frente al tabaquismo y del Real Decreto 579/2017, que regula la fabricación, presentación y comercialización de los productos del tabaco y relacionados.
El CNPT reclama la aprobación de estas reformas y reclama también avanzar en cuatro iniciativas sin las cuales cualquier estrategia frente al tabaquismo tendrá un alcance limitado. Son el empaquetado neutro, el incremento de la fiscalidad de todos los productos del tabaco y la nicotina, la ampliación de los espacios libres de humo y aerosoles y una regulación más estricta de los productos emergentes. Estas políticas cuentan con un amplio respaldo científico y ya han sido implementadas, total o parcialmente, en numerosos países de nuestro entorno.
Nunca antes había habido tan pocos jóvenes fumadores en España
Cuando algunos sectores intentan transmitir que las políticas de control del tabaquismo han fracasado o que no están dando resultados, conviene recordar que los datos muestran precisamente lo contrario. La evidencia científica y los indicadores epidemiológicos demuestran que las políticas de control del tabaco funcionan y han contribuido de forma decisiva a proteger la salud de la población.
En España se ha demostrado durante las últimas décadas que las políticas de control del tabaco funcionan. Gracias a medidas como la regulación de la publicidad, los espacios sin humo y los incrementos fiscales, el porcentaje de personas de 15 años o más que fumaban diariamente ha pasado del 31,7% en 2001 al 16,6% en 2023. Entre la población adolescente, la reducción ha sido aún más significativa: el porcentaje de fumadores diarios de entre 14 y 18 años ha descendido del 23,0% en 2000 al 4,3% en 2025.
A pesar de estos avances, el tabaquismo continúa siendo la principal causa evitable de enfermedad y muerte prematura en nuestro país: provoca alrededor de 60.000 fallecimientos cada año. Al mismo tiempo, la industria del tabaco y la nicotina continúa desarrollando nuevos productos y estrategias comerciales orientadas a captar nuevos consumidores, especialmente entre la población joven.
España mantiene actualmente uno de los precios más bajos del tabaco de Europa Occidental. La evidencia científica demuestra que la fiscalidad constituye una de las medidas más eficaces para reducir el consumo, especialmente entre los jóvenes y la población más vulnerable. Se estima que un incremento del 10% en el precio del tabaco puede reducir su consumo en torno a un 4%. Además, una actualización de la fiscalidad permitiría reducir el consumo y aumentar significativamente los recursos disponibles para financiar políticas públicas de salud.
Las medidas funcionan
Las políticas de control del tabaco funcionan. Lo demuestran la reducción del consumo, la disminución de la exposición al humo ambiental y los miles de enfermedades y muertes evitadas gracias a las medidas adoptadas durante las últimas décadas.
Ahora no es momento de retrasar decisiones, sino de culminar las reformas pendientes para proteger a las nuevas generaciones frente a la adicción a la nicotina. Cada retraso en la aprobación de estas medidas supone nuevas enfermedades evitables, nuevas personas atrapadas por la adicción y nuevas oportunidades para que la industria siga incorporando consumidores a un mercado que continúa causando un enorme daño sanitario, social y económico. Proteger a la infancia y la adolescencia frente a la nicotina debe seguir siendo una prioridad irrenunciable para todos los responsables públicos.







